Publicado en EL TIEMPO

TIEMPO DEDICADO

El pasado Jueves me ocurrió una escena muy curiosa. Me tenía que quedar en mi trabajo hasta las 20,30h.  porque así lo manda mi contrato. En este día en particular era para la calebración de un retiro y depués una fiesta en honor a todas las profesoras que cumplieran años en este primer trimestre.

Yo me encontraba fatal. Despierta desde las 3,18 h. de la mañana, agotada en todos los sentidos. Terminó mi apretada jornada laboral, fui a misa en el propio colegio y, cuando tenía prevista mi hora de salida, aproximadamente 5,45 h. una profesora y amiga me pidió que me quedase para hablar con ella. Me fuí a mi clase a esperar junto con mi marido y mi hijo que habían ido a recogerme. En vista de la tardanza de mi amiga le mostré a mis queridos acompañantes los logros conseguidos en mi pizarra digital y estuvimos como media hora pasando todos lo ejercicios que enseño a mis alumnos cada día. Sinceramente fue emocionante tener como receptor a mi propio hijo que se lo pasó genial.

Transcurrido un tiempo prudencial y encontrándome casi desfallecida llamé por teléfono a mi amiga y no me contestó empezando así mi desesperación.

El asunto fue el siguiente: mi amiga y compañera de misa ese día, había perdido su bolso y con él el teléfono. Al verla algo desesperada y por el cariño que nos une me incorporé al equipo de busqueda del bolso en cuestión. Nos recorrimos el colegio entero siguiendo los pasos que ella recordaba de su tarde. Estuvimos más de media hora en dicha búsqueda hasta que llamamos una vez más a su movil y lo oimos sonar. Estaba dentro del oratorio, donde se celebraba el retiro, donde habiamos oido misa. Ella pasó a buscarlo y yo me fui.

¿Para qué cuento todo esto?. Muy sencillo, ante varias personas he quedado como la caradura que se escapó del retiro y de la fiesta.

Sin embargo pocas han visto la otra postura, la de hacer los horarios y mandarlos a las 4 de la madrugada, la de tener permiso para irme desde las 5 h. e irme a las 6,30, la de no comer en el comedor de las profesoras y si en el de los niños, en su horario, para sacar una hora del tiempo A (nombre de mi empresa) para enseñar a una compañera a hacer el módulo en pizarra digital…etc

¿Cuánto tiempo dedicamos a las cosas? El que marca el reloj, el que marca tu cabeza.

Por ejemplo, un caso real: Cerebrito, para dormirse hace logaritmos, y no es broma, sobre cosas de su trabajo. Preciosa utiliza sus viajes diarios en coche para organizar su trabajo y su vida, Nunca Maix aprovecha los documentales del marido para hacer horarios del cole mandando correos a las 23h. por ejemplo.

Evidentemente tiene que haber un control del tiempo en cuestión de contratos tanto para los adictos al trabajo como para los flojos pero realmente, ¿Cuánto es el tiempo dedicado?

En el tema laboral puede estar claro, pero en el tema del amor….. ¿cuánto tiempo dedicamos a nuestra familia? el del reloj o el de nuestro corazón. Y, si eres buena cristiana ¿Cuánto tiempo dedicas a Dios? El de la misa. Debe ser todo. Ayer recojí un trocito de manzana del suelo para que Dios estuviese contento: “por ti Señor” (Yo estaba bien mala y agacharme me parecia una prueba olímpica).

 

Como veis, hoy no estoy nada charlatana.

Fdo: PreciosaMia

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Un comentario sobre “TIEMPO DEDICADO

  1. Lo del trocito de manzana me parece de lo más entrañable. Imagino a Dios cayendosele la baba con su niña. ¿Quien dijo alguna vez que odiaba las manzanas por no se qué historia de Eva? Por lo que se ve, también sirven para dar gloria a Dios, así que en el fondo, todo depende de la intención.

    Efectivamente la gente “no ve la intención que le ponemos a nuestras cosas” por eso, en el trabajo, por ejemplo, mejor no juzgar ni esperar recompensa. Sabemos lo que hacemos y que Dios lo sabe y eso debe bastarnos.

    En el tema del tiempo a la familia la cosa es más complicada. Creo que nunca le dedicamos el tiempo suficiente. Entre otras cosas, porque estamos muy ocupados en trabajar.

    Un beso PreciosaMía, que estás malísima del todo. Personalmente me da hasta coraje que vayas a trabajar. Priorizas el trabajo a tu salud y debe ser al revés, porque si te falta lo segundo dificilmente puedes atender lo primero.

    Pr.

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