Publicado en EL TIEMPO

Tormenta

La pesadilla, 1781

Los dos para morirse inmediatamente.
El teatro cerrado con llave.
Arde un chico.
Salimos corriendo.
llueve a mares.
El café no sale.
El camping inundado.
Una señora amable grita la salida del café.
Plásticos cubren todo.
La llave del teatro se parte.
El chico se quema.
Me despierto, 2,26 h. ¿Qué hago? ¿Me levanto?
Abajo, es más tranquilo.
Sigo durmiendo.
“Papá, yo también tengo pipí”.
Sigo en la cama.
Tengo frío, estoy sudando.
Ellos mueren.
LLueve mucho, aquí no llueve.
Tengo miedo, tengo sueño.
¿Donde están?
Me levanto, de verdad.
Café en mano, abro Latidos.
Se acabó, es hora de despertar.

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18 comentarios sobre “Tormenta

  1. NIña vaya pesadilla jooo anda que cenaste antes de acostarte? ajajjaa me has agobiado ajajajaa
    Muaskk te enlazo que no quiero perderte la pista
    Muaskk

  2. Esos sueños intranquilos que sin llegar a ser pesadilla son lo angustioso son los peores
    ¿Que barruntas?
    Venga que no hay nada que no arregle un buen copazo de coñac, que si vale para el dolor de muelas para esto también, digo yo.
    Besos

  3. !Oh, ohhhh…! Bueno dicen, que sueño tenido, nunca ocurido… Ya no es poco.
    Lo bueno: uno de levanta, se pone en lugar, respira, toma un café -sencillo y aromático orbe- y escribe algo que ha quedado bien. Es el rábano tomado por donde alimenta y consuela. Está my bien. Y desde ahí la atención en las cosas convenientes. Ya está aún mejor…
    Saludos, un abrazo.

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