Publicado en EL TIEMPO

Regalo de un gran día.

Estas palabras me las ha regalado una amiga, aquella con la que os conté viajé  a Córdoba el pasado Viernes. Creo haberlas leído ya 30 veces y casi podría arriesgarme a decir que me las sé de memoría. Nunca nadie había hablado con tanta ternura y tan directa de mis sentimientos. Quiero agradecer ante todos el cariño y la entrega que me ha transmitido en este bello texto pero, más aún, quiero agradecerle la posibilidad única de conocer a un gran corazón que habita en un bello cuerpo de mujer. Nunca tendré palabras suficientes para compensarla. Para terminar de poner a prueba mi capacidad sentimental también me ha regalado esta canción:

A M.J.Q.

Después de todo seguía preguntándose cómo había llegado hasta allí. De pequeña pensaba que existía ese mundo que ella había diseñado a su medida tal vez para alejarse del horror, del miedo, de la incertidumbre que le acarreaba estar siempre con los pies en el precipicio, en el hilo delgado de los afectos, tan ausentes y tan frágiles al tiempo.
No sabemos muy bien si somos o no lo que proyectamos al exterior. No sabemos hasta qué punto es bueno ser en esencia y desparramar nuestras sombras en medio de la calle. Detrás de todo el mundo existen agujeros conectados al caos y casi siempre se esconden los paisajes sombríos y los tramos de túneles. Es, creo, una cuestión de salvaguardarse ante el discurrir de la vida que pasea a su antojo. Cuanto más confesamos nuestras debilidades más vulnerables somos ante almas sin alma. Creemos conocer a las personas pero existen siempre átomos donde nunca llegamos. Ni siquiera una mismo es a veces capaz de enfrentarse a sus sombras cara a cara y aniquilarlas. Una aprende a convivir con ellas. Se han hecho un hueco en el interior y son casi invencibles. Aprendieron a hibernar en días de sol y asoman de repente el día menos pensado. Todo lo vuelven gris. Son así de traicioneras. El hecho de acostumbrarse a no pelear con ellas facilita convivir con ese tiempo de caos como algo pasado que te situó en la delgada línea de la fragilidad. Si peleamos, muchas veces perdemos. Es más inteligente aceptar que están ahí, que no van a dejarte. Es ése el único camino que lleva a la aceptación. Y es la aceptación la senda que abre una vía a perdonarnos a nosotras mismas. Quizá eso sea lo más difícil: perdonarse uno mismo, aprender a perdonarnos. La culpa es la cadena que nos ata, que nos hace presos e impide romper los eslabones para poder avanzar. La culpa. La maldita culpa. Si un día se consigue, disipar las partículas de aquello que nos mantiene presos al miedo, creo que aprendes a vivir en comunión con el tiempo y las circunstancias que te han tocado vivir. Sólo las personas que buscan el camino para aprender a perdonarse a ellas mismas, son capaces de abrir su alma a otras de par en par, igual que una ventana abierta hacia otra alma. Y ahí reside la valentía y la generosidad: volver a entregarse aún con las dudas que se ciernen por detrás sobre posibles traiciones. Y por encima de todo nos conmueve una entrega irremediable cuando crees que has encontrado a otra alma que empatiza con la tuya.Es entonces cuando dejas el grifo abierto a todas tus miserias para que corra el agua y que se mezclen. No se da muchas veces, pero una vez que el viento de los secretos ha mezclado las sombras y ha formado remolinos es hora de sentarse. Tenemos en las manos el libro de las sombras, del sendero del caos: es hora de sentarse, ya hay hojas arrancadas. Quizás sea tiempo ahora de una relectura, reinterpretar los hechos, observar con distancia desde otra perspectiva. Sin excesivo ánimo, en su justa medida. Un análisis que asiente los posos de las sombras y deje al descubierto las invisibles grietas de la fragilidad para hacerla más fuerte. En ese momento todo se remueve y nada se resuelve pero sabes que alguien ahí a tu lado ha conocido de cerca el sufrimiento. Y está contigo ahí porque sus ojos conocen el dolor. Y entonces sabes, a ciencia cierta ya, que tú no eres la única que se ha sentido a oscuras, en medio de tinieblas en las que los fantasmas te desgarraron las vestimentas. Lograste salir sangrando a manos llenas, pero no te desangraste.Ahora quedan rasguños, cicatrices que jamás se perderán entre la piel envejecida y que nada resuelven pero sí que revuelven tu alma a su capricho. Hay una cosa clara: salen a flote episodios oscuros y se hace de noche a pleno día, pero luego agradeces que a tu lado haya alguien que entienda de tus miedos, de las grietas por donde anduviste y lograste lanzarte al vacío de los sueños. Después de todo, aún con dolor, estas conversaciones son siempre un paso más hacia la aceptación. Son siempre el testimonio de nuestra esencia hipersensible que repara en el alma agrietada de otras almas. Entonces somos nosotras las que frente al dolor decimos al otro: “(…)Yo sé cuánto cansa sufrir, descansa en mi amor…Respira, aguanta un segundo y respira,
cierra los ojos y mira…la vida, a veces no es justa la vida…”

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14 comentarios sobre “Regalo de un gran día.

  1. Otra sufridora, otra superviviente que entiende…
    La vida a veces es una mierda nena, que bien huelen las flores, que sol tan calido, que sonrisa arrebatadora… pero como apesta la vida… a veces…
    Te digo como ella, respira.
    Un beso desde mi infierno!

  2. He tenido que pararme a respirar despues de ver y oir el video… Tengo que dejartelo plasmado antes de seguir leyendo, hay que tomar aire para poder seguir en esta vida… Vale, voy a leer, si? Muaks!

  3. La carta -consideración sentida personal tras muy dura existencia, abierta a la ayuda y consuelo para otros, por cierto- es realmente mocionante, preclara y deja un rastro sencillamente tremendo en el dolor contenido. Es todo un documente vibrante, potente de calidad.
    Dice mucho y cada uno, pienso, oírá y tomará nota. Yo veo de ,o mejor la publicación que le pones. Es muy buena.
    Yo no sabría que poner de mi cosecha o comentario. Es demasiado tema. Pero te dejaré unas notas, de Marco Aurelio: “¿He realizado algo útil a la comunidad? En consecuencia me he beneficiado… Ten a mano esta máxima y nunca la abandones.- ¿Cuál es tu oficio? Ser bueno. Y ¿cómo se consigue serlo, sino mediante las reflexiones, unas sobre la naturaleza del conjunto universal, y y otras, sobre la constitución peculiar del hombre?”. – “Me despreciará alguien? Él verá. Yo por mi parte estaré a la espectativa para no ser sorprendido haciendo o diciendo algo merecedor de desprecio.”
    Pero no deja de significar: “las cosas humanas son humo y nada”, para animarse a llegar al ser de la “imperturbabilidad”, la “manera más hermosa de vivir” la mutabilidad de la vida.
    Todo mi aliento a tu especial círculo completo. Un buen abrazo, LA.

  4. Grandes y sabias palabras en las que me he perdido leyendo y las he trasladado a mi persona, compartiéndolas con mis propias vivencias..

    Hermosas palabras de tu amiga, felícidades en mi nombre!
    Un beso Latidos!

      1. No mujer, como más te guste a ti. Tiene que estar a tu gusto. A mí me vale con el contenido, que es lo que importa y más me gusta.
        Besos

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