Publicado en EL TIEMPO

La forma de llegar

caida escaleras

Como bien sabéis ayer me levanté sin fuerzas para ir al trabajo. Me costó salir de casa y llegar sin derrumbarme por la carretera. El desánimo me invadía. Llegué al trabajo, me senté en mi mesa y me paré a ver en la circular que me estaba metiendo. Saqué mi móvil y cabizbaja busqué en él mi Latidos para comprobar si había comentarios.

(Mi mesa de despacho está en un primer piso y tiene de frente el último peldaño de una horrorosa escalera de caracol).

Postrada ante mi aburrimiento, 8 h. de la mañana, escucho con una voz potente y alegre:

– Buenos días, ¿Te gusta mi forma de llegar?.

Levanto mis ojos y me encuentro a un compañero, no muy alto y subidito de peso, tirado en el suelo, en plancha, delante de mi mesa con toooooodas sus pertenencias esparcidas por el suelo, sonriendo y mirándome fijamente.

Yo estallé en un ordinario grito y carcajada, tiré el móvil, me tapé la cara y comencé  a reírme sin piedad.

Él, como si de un muelle se tratase, saltó velozmente y recogió todas sus cosas.

Mientras yo convulsionaba delante de suya, moqueaba, lloraba y me cogía las mandíbulas para no desencajarlas, él se reía, no tanto, y seguía preguntándome si es que no me gustaba como había llegado.

Pasado unos minutos, aunque seguía en pleno ataque, fui capaz de preguntarle por su estado, sus rodillas y los objetos que traía en la mano pues uno era de cristal.

Gracias a Dios todo estaba bien menos mis ojos que ya sabemos que cuando las mujeres lloramos, aunque sea de la risa, nos convertimos en osos pandas.

Aquí no queda la cosa.

Somos tres en el equipo directivo. Ayer mis dos compañeros, casualidades de la vida, venían vestidos de morados. Entre bromas y chalauras me pidieron que yo me cambiase de ropa. Al mediodía fuimos mi amiga  y yo a su casa y me prestó una preciosa chaqueta de este mismo tono. Por la tarde nos presentamos delante de todo el claustro de profesores vestidos del mismo color. Para destacar la escena, me pusieron en medio. Fue superdivertido ver la cara y oír los comentarios de todo el mundo.

Está claro, mi deseo de ser payasa sigue saliendo por mis poros.

Moraleja: aunque la mañana comience negra siempre puede haber alguien que te haga cambiar de color.

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12 comentarios sobre “La forma de llegar

  1. No puedo dejar de reírme al imaginarse a ese compañero desparramado por el suelo y tu dada vuelta de la risa.
    Al fin y al cabo en esa mañana que pintaba gris salió el sol.
    Que tu jornada sea llena de colores.
    Un cariñoso abrazo

  2. Desde luego hija mía tú no te aburres te pasan unas cosas ajajajaa que vida más movida y alucinante llevas ¿me cambias?
    Un beso preciosa
    Carmen

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