Publicado en EL TIEMPO

Odio mi maquinita

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Estaba sentada en el sofá de mi salón cuando él bajo la escalera con su boquita en forma de “U” invertida y sus brazos cruzados sobre el pecho.

-¿Qué te ocurre, mi vida?. Le pregunté.

Se sentó a mi lado demostrándome claramente su enfado y me dijo:

– Odio mi maquinita.

Aunque tiene cinco añitos y estos niños son “Indígenas tecnológicos”, este crio concretamente es hijo de un programador de élite y con una destrezas numéricas impresionantes y alta capacidad en el talento de la lógica, aspectos que claramente ha heredado el chico de su padre.

Siguiendo la escena yo dije:

– Bieeeeeeeennnn (no soy nada amiga de estas máquinas), así no me molesta más.

A lo que me contestó:

– Estoy enfadada con ella. La he perdido debajo de la cama. Ya no la quiero más.

Mi pregunta era obligada:

– ¿Qué ha pasado para que la odies?

(Aquí aclaro que padre e hijo tienen una unión especial, muchísimo más grande que la que tiene conmigo. Están hechos el uno para el otro y que, además, cuando el juego se pone difícil para el niño el padre le pasa las pantallas).

– Es que cuando le pido a papá que me pase una pantalla él se enfada (Estaba trabajando) y yo para que se enfade papá conmigo no quiero una máquina así que no la pienso volver a coger.

Lo abracé, lo besé y le felicité por sentir ese amor a su papi. Cuando mi marido terminó de trabajar le conté la escena y con gran habilidad recuperaron la “dichosa” maquinita y fortalecieron aun más su complicidad.

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19 comentarios sobre “Odio mi maquinita

  1. Los dramas son lo que son (importantes) desde el momento en que se viven como dramas. No interesan demasiado los motivos antes del análisis, después si, después hay que establecer las prioridades y entender a veces que hacemos dramas por tonterías. Gracias por traernos sensibilidad infantil, que suena tan pura y verdadera en este mundo adulto y descreido. Saludos

  2. Yo también odio las maquinitas… ¡me cuesta un montón entenderlas! Eso de las generaciones.
    ¡Ay que ver! Una maquinita que consigue fortalecer complicidades.
    Me gusta.
    Mil besillos y medio.
    ¡Esa copa, por favor!

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