Publicado en EL TIEMPO

Atleti

mafalda7

La tendencia a exagerar suele ser una de mis características. Dicen que es propio de los andaluces. Yo, andaluza hasta la médula, os aseguro de corazón que aquí no pongo ni una frase que no estuviera acorde con lo que anoche presencie.

A principios de verano conocí a una señora poco mayor que yo que ha venido a casa de unos familiares a pasara unos días. Junto con ella ha venido su tremenda depresión. Esta señora ha soportado muchas dolores en su vida y ahora, como suele pasar, en su etapa más tranquila todo aflora y se ha dejado llevar por la tristeza.
Su aspecto físico delata un gran dolor interior, una apatía por la vida generalizada influyendo hasta en su tono de voz que no deja de ser un hilo tenue al que solo le propina varias palabras al día. Mirada ausente, posición corporal inclinada y sonrisa fija pues su educación es exquisita.
Hemos coincidido en distintas reuniones este verano y conseguimos hasta mantener conversaciones con duración mayor a lo que ella viene manteniendo.
Ayer, sin ir más lejos y ciñéndonos a la entrada de hoy, hablamos un largo rato del milagro de mi hijo, de la elaboración del salmorejo (ella es de Madrid y no sabia hacerlo) y por último del Atleti.
Me comentó, siempre con su dulce tristeza, que era una de las herencias que le había dejado su marido del cual se separó hace muchísimos años por maltrato físico. Juntos asistían a los partidos y eran grandes seguidores y que al tener mayoría de hijos varones el fervor al fútbol continuaba en su familia.
A la hora del partido, todos los miembros futboleros de la reunión se sentaron en posiciones adecuadas para ver el partido. Ella, discreta y prudente, se quedó en nuestro bando, el de no fútbol, pero con su mirada y oído puesto en el partido.
Todo muy bien, comíamos, reíamos, comentábamos, bebíamos hasta que…. MARCÓ EL ATLETI.

Creí morirme.
Está dulce señora se transformó en una cría de siete años, subió fuertemente los brazos, bailo, convulsionó, grito, lloró,…….
No dábamos crédito. Menuda transformación.
Yo no podía para de reír y mi risa no solo es estridente sino que además le acompaña y exagerado movimiento corporal y no puedo para de repetir lo que he visto:
– La has visto, la has visto….
. Mi lucha era bestial. No podía dejar salir tantas carcajadas sobre una señora depresiva de la que además no tengo mucho confianza.
Mi marido me miraba de reojo riéndose con moderación. Otra señora muy graciosa me repetía constantemente que le recordaba su reacción a las muñecas “esas” que se les da cuerda y bailan (la imitaba), todos tenían caras de buen rato pero yo epileptaba y encima me sentía contenida.
Lo peor fue cuando en mitad de toda esta explosión la señora graciosa de mi derecha me coge fuertemente el brazo y mi dice a gritos para que yo lo oyera por encima de mis risas:
-¿Llevas bragas?
Me bloqueo, la miro y me dice….
– Hija, para que contenga algo porque te vas a mear. (Perdón la expresión pero esas fueron sus palabras exactas).
Todos lo oyeron… TODOS. Yo ya no sabía si reírme, llorar, no contener…

Cuando no subimos en el coche le digo a mi marido que menos mal que he sabido controlar la risa y me contesta:
– !Cómo! si parecía que te iba a dar algo. Has estado riéndote mucho rato.
!Qué vergüenza!

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36 comentarios sobre “Atleti

  1. ¿Sabes lo que más me ha gustado de esta historia?
    ¡Que rieras! Que dieras rienda a la alegría. Se lo debes a esa señora.
    Lo que me pregunto es cómo reaccionaría la señora cuando marcó el Barça.
    ¡Por favor, esa copa, que desorienta mis sentidos!
    Un beso chiquitito, para que mi jilguero pueda llevártelo en su pico.

    1. !Ay! Esa parte me la perdí nos fuimos antes. La verdad es que me vino de lujo ese ataque. Como puedes comprobar hasta Latidos se ve afectado de mi estado. Estoy mucho menos productiva y menos creativa. Necesito de estos momentos para seguir. La copa no la quito, me encanta verte con los sentidos desorientados. Y si no…. ¿Hubieses hablado de jilgueros? Millones de besos del tamaño que tú quieras.

      1. No, se medio bloqueada está desde que nací.
        Cando abrí los ojos por primera vez no entendí nada. Recuerdo que dije ¿qué hago yo aquí?, y mi madre me contestó: ¡pues, que has nacido!.
        Ahí me llevé el primer chasco de mi vida.
        Besillos con alas.

      2. Si te sirve de algo te diré que yo nací con dos vueltas de cordón al cuello y sin llorar. me pegaron hasta que arranqué en llanto y mira mi vida. Aprendí muy bien a echar lágrimas. Están llegando tus besos ahora mismo.

      3. Trátalos con cariño. Son muy frágiles.
        Me alegro que no te hubieses ahorcado con el cordón.
        Hoy no conociera esa bella palabra: “besillos”

Cuéntamelo.....

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