Publicado en EL TIEMPO

Recuerdos

Nancy 2

De pequeña mis juegos eran simplemente dos; la muñecas y los recortables. Por supuesto con todas sus variedades.

Cada una de mis muñecas tenia su nombre propio. Entre ellas había alguna que otra hermana y también primas. El parentesco dependía del estilo y la procedencia; Si me la había regalado mi hermana entonces eran hermanas también.  Un muñeco pepón no podía ser de la familia de una Nancy, por ejemplo.

Me pasaba tarde enteras cosiendo para ellas. Les hacía trajes de todas las telas que le sobraban a mi abuela de los vestidos que nos hacía. También tejía para ellas. Mis primeras prendas de punto las lucían mis más queridas muñecas.

Os cuento un secretillo: Tenía muy claro que cuando yo me dormía ellas jugaban solas. Tan claro que les ponía trampa. Las dejaba en una determinada postura en la repisa para ver con gran admiración como “las pillaba” por la mañana en otra postura. Un brazo algo más alto, un pequeño giro de la cabeza, etc.

Viajábamos mucho a Málaga, y siempre me acompañaba alguna con todos sus complementos. Tenía hasta su pequeña maletita.

Mis primeras costuras nacieron de allí, de estos encuentros diarios con mis muñecas, del amor que ella depositaba entendiendo, de alguna forma, que ellas lo sentían.

En otra entrada os cuento mi pequeño mundo de los recortables.

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